Como sabedes, recentemente deixounos o poeta arxentino Juan Gelman. Desde a biblioteca queremos renderlle unha pequena homenaxe.
Poeta ata a medula, cantor das causas
nobres, enérxico na denuncia, indignado ante a inxustiza que tanto
viron os seus ollos, concibiu unha obra onde a máis pura
cotianeidade cobrou altísimos valores poéticos e na que afloraron
en primeira fila os nenos, o exilio e o amor.
Intelectual
comprometido, cifrou o seu empeño en levantar a voz en defensa dos
pobres do mundo e entendeu a poesía como fronte de resistencia ante
un presente cada vez máis hostil e deshumanizante "porque todo
o que pasa non está fóra do humano"
Claro que moriré y me llevarán...
claro que moriré y me llevarán
en huesos o cenizas
y que
dirán palabras y cenizas
y yo habré muerto totalmente
claro
que esto se acabará
mis manos alimentadas por tus manos
se
pensarán de nuevo
en la humedad de la tierra
yo no
quiero cajón
ni ropa
que el barro asuma mi cabeza
que
sus orines me devoren
ahora
desnudo de ti
Ruiseñores de nuevo
«En el gran cielo de la poesía,
mejor dicho
en la tierra o
mundo de la poesía que incluye cielos
astros
dioses
mortales
está
cantando el ruiseñor de Keats
siempre
pasa Rimbaud empuñando
sus 17 años como la llama de amor viva de San Juan
a la Teresa se
le dobla el dolor y su caballo triza el polvo enamorado Francisco de
Quevedo y Villegas
el dulce Garcilaso arde en los infiernos de
John Donne
de César Vallejo caen caminos para que los pies de la
poesía caminen
pies que pisan callados como un burrito
andino
Baudelaire baja un albatros de su reino celeste
con el
frac del albatros Mallarméva a la fiesta de la nada posible
suena
el violín de Verlaine en la fiesta de la nada posible
recuerda
que la sangre es posible en medio de la nada
que Girondo
liublimará perrinunca lamora
y girarán los barquitos de tuñón
contra el metal de espanto que abusó a Apollinaire
oh Lou que
desamaste la eternidad de viaje
el palacio del exceso donde entró
la sabiduría de Blake
el paco urondo que forraba en lamé la
felicidad para evitarle fríos de la época
mientras Roque Dalton
trepaba por el palo mayor de su alma y gritaba».
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